Inicio Sala de prensa Alma Ardura Sánchez: «Mi hija se llama Olivia, no Feto Cruz»
Noticias
Noticias

25 de agosto, 2026.- Noelia Márquez
-¿Puedes recordar el proceso de pérdida?
-En la consulta, la ginecóloga dijo: ”No hay latido” y avisó a otro compañero para confirmarlo. Es desgarrador, un dolor indescriptible, escuchar estas palabras cuando estás embarazada. “Nuestra hija Olivia ha muerto”, transmití a mi marido. En la sala de espera, otras mujeres embarazadas acariciaban sus vientres, felices porque todo les iba bien. Las madres que perdemos a nuestros bebés necesitan espacios propios en Maternidad. El mayor apoyo que recibí en el proceso realmente no fue sólo técnico, sino humano. Puedo decir que Jorge Romero me devolvió a la vida con su apoyo, empatía y su ternura. Estaré eternamente agradecida por todo lo que ha hecho por mi familia.
-Jorge Romero es matrona, ¿cómo le ayudó?
-Tuve la enorme suerte de conocerle. Jorge me acompañó en todo el proceso y respetó todas nuestras decisiones. Me preguntó si quería ver a mi hija o si quería que nos sacara una foto. Me ofreció una caja de recuerdos. Nos preparó a mí y a mi marido para lo que íbamos a ver. Este acompañamiento me ha permitido seguir adelante. Es necesario el apoyo y el trato humano en estas situaciones. El dolor por la pérdida no se mide por el tamaño del vientre. La pérdida de un bebé en el embarazo sigue siendo tabú. Es una realidad que requiere de escucha, apoyo, empatía y espacios propios.
-¿Qué es lo primero que necesita una familia que afronta la pérdida gestacional?
-Reconocimiento. Que nos reconozcan como a madres que han perdido un hijo/a. Que reconozcan que nuestros hijos hijos existieron. Es lo primero que necesitamos.
«Mi hija se llama Olivia, no Feto Cruz. Es lo primero que necesita una familia que atraviesa el duelo perinatal. Que se reconozca al hijo perdido, al menos adaptando el lenguaje»
-¿Puedes recordar algún episodio que refleja esa falta de reconocimiento?
-Durante mi ingreso no había matronas cerca en la planta donde me atendían y llegué a ver apuntes en una pizarra donde aparecía el nombre de mi habitación: “Feto Cruz”. Entendí que esa anotación se refería a mi hija y a mí. Mi hija se llama Olivia, no Feto Cruz. Es lo primero que necesita una familia que atraviesa el duelo perinatal. Que se reconozca al hijo perdido, al menos adaptando el lenguaje. Hubiera sido menos doloroso si Feto Cruz se hubiera sustituido por pérdida gestacional. La humanización y la empatía en el propio lenguaje son imprescindibles para evitar que el duelo se convierta en patológico.
-Además de reconocimiento, ¿qué necesitan las familias?
-Protocolos humanizados y seguimiento tras el parto. Las madres necesitamos tener una explicación sobre lo que nos está ocurriendo, necesitamos que comprendan nuestro dolor, hablar de ello. El consentimiento en cada acto en nuestro cuerpo es muy necesario. El peor enemigo del trauma es el silencio.
-¿Puede recordar algunos momentos del proceso?
-Perdí a Olivia en la semana 15 del embarazo y tenían que inducirme el parto. Pedí por favor a las enfermeras que me permitieran, antes del parto, ver a mi hijo Martín que tiene dos años y medio y es la luz de mi vida. Necesitaba ver a mi niño para tener fuerzas y decirme a mí misma: Tengo que salir adelante porque mi hijo me espera en casa. Las enfermeras me permitieron ver a mi hijo. Les estaré siempre agradecida. Son situaciones en las que lo humano, la empatía es esencial.
-El silencio tras el parto debe ser de una dureza extrema. Sin entrar en detalles, ¿puede explicar esta realidad que es mucho más frecuente de lo imaginable?
-Con la inducción del parto me ofrecieron epidural y anestesia pero opté por parir con dolor. En mi caso, el dolor físico al parir a mi hija muerta me ayudaría a atravesar el duelo. Recuerdo el instante. Estaba andando cuando acerqué mis manos y cogí a Olivia. La coloqué sobre mi pecho, mientras seguía la hemorragia. Jorge Romero me arropó a mí y a mi pequeña. Le pedí que se quedara a mi lado y se quedó. Es increíble la labor de las matronas. Merecen todo nuestro reconocimiento. Jorge me pidió permiso para extraer la placenta y avisar al ginecólogo porque seguía sangrando. Sostener a mi hija muerta esos instantes, sentir su piel, su olor… y despedirme de ella me ha ayudado mucho después. Esa oportunidad que me ofreció Jorge me ha permitido iniciar mi reconstrucción.
-¿Puede dar consejos a otras mujeres?
-Llorar la muerte de un hijo que existió y que te transformó física y psicológicamente. Desde el momento en el que ves la raya en el test tu cuerpo, tu mente y tu alma se preparan para el cuidado, para el vínculo y el apego. El duelo no se supera, se atraviesa no como una carrera con meta sino como paisaje que va cambiando de forma y color. Cada persona tiene necesidades distintas en el duelo. En mi caso necesitaba hablar de lo ocurrido, y me ayudó mucho escribir. Sobre todo, necesitamos ser comprensivas con nosotras mismas, entender que cada pérdida es un proceso único, una recuperación única que transforma todo el sistema familiar. Es necesario destacar que el padre también necesita atravesar el duelo perinatal, pero a veces es el gran olvidado.
-Cuando afirmó antes la necesidad de ‘cuidar el lenguaje’. ¿Puede exponer otro ejemplo del daño que pueden hacer las palabras?
– Las palabras importan y mucho. Hay expresiones muy frecuentes y que hacen daño. Por ejemplo, es desgarrador escuchar frases frecuentes, como “la naturaleza es sabia” cuando acabas de perder a tu hija; o que te digan “mujer, al menos ya sabes que puedes quedarte embarazada…”, o por ejemplo “ya te volverás a quedar embarazada …” El vacío interior que deja un hijo nunca se llena ni se sustituye. Sólo puedes expandirte a su alrededor, con amor y tiempo.
-¿Cómo se puede afrontar?
-Creando. En mi caso,he escrito un cuento sobre Olivia que se titula ‘Mi hermana se fue a la Luna’. Las ilustraciones las está haciendo mi marido. Otro consejo a las mujeres en estas situaciones es rodearse de personas que comprendan su dolor y que no les importe hablar de ello.
-¿Cómo describe la labor de las matronas?
-El trabajo que realizan las matronas, la implicación personal más allá de los horarios, debería estar más reconocido. Es increíble la dualidad que afrontan como profesionales: igual atienden la llegada de la vida que minutos después asisten la llegada de la muerte. Necesitan un sistema que las sostengan y les brinde el apoyo que requiere la dualidad de su profesión y una mirada llena de admiración y respeto. Son la primera línea de contención emocional en estos procesos que vivimos las mujeres. Deberían reconocer más su labor.
-¿Puede exponer un ejemplo?
-Mi propia vivencia.. ¿Cómo es posible que tras el alta no vuelva a ver a la última persona que tuvo entre sus manos a mi hija? ¿Cómo es posible que no vuelva a ver a la última persona que arropó a mi hija? El parto es esfuerzo, dolor, y te quedas con los brazos vacíos. Es necesario que las mujeres en esta situación tengamos un seguimiento después del parto. Necesitamos atención especializada, empatía, espacios propios y seguimiento por parte de profesionales especializados como son las matronas.