Inicio Sala de prensa Marisol Barrera: «La especialidad de Enfermería de Salud Mental es profundamente humana donde adquieren un enorme valor la escucha, la empatía y la presencia»
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1 de septiembre, 2026.- Marisol Fernández y Francisco Fonta
-Marisol Barrera. Es una referente en Sevilla para la especialidad de Enfermería de Salud Mental. ¿Puede describir qué le llevó a elegir la Enfermería de Salud Mental entre todas las especialidades?
-Siempre tuve claro que quería trabajar con las personas desde una perspectiva integral. La salud mental me permitía hacerlo poniendo el foco no sólo en la enfermedad, sino también en la historia de vida, el contexto familiar, los recursos personales y la capacidad de recuperación de cada persona. Me atrajo especialmente la posibilidad de establecer una relación terapéutica basada en la confianza, el acompañamiento y el respeto.
–En los últimos años la salud mental ha pasado a ocupar un espacio mucho más visible en el debate social. ¿Qué problemas son hoy los que más preocupan?
-Preocupa el aumento de los problemas de salud mental en niños, adolescentes y adultos jóvenes, así como el incremento de los trastornos relacionados con la conducta suicida y los trastornos de la personalidad.
–¿Ha notado que las necesidades de la población hayan cambiado respecto a hace diez o quince años? ¿Qué factores cree que están influyendo más?
-Sin duda. Hace quince años predominaban otras demandas asistenciales. Hoy observamos una mayor complejidad clínica, pacientes con múltiples problemas asociados y un mayor impacto de los determinantes sociales sobre la salud mental. La sociedad ha cambiado y nuestras respuestas también deben evolucionar.
«Es una especialidad profundamente humana, donde el cuidado va mucho más allá de los procedimientos»
–A pesar de esa mayor visibilidad y compromiso social, parece ser que el estigma continúa existiendo. ¿Comparte esa percepción?
-Sí. Hemos avanzado mucho porque hoy se habla más de salud mental, pero hablar más no significa comprender mejor. Desempeñar cargos de responsabilidad como el de Coordinadora de Cuidados ofrece una oportunidad privilegiada para impulsar cambios que trascienden la gestión asistencial. Permiten desarrollar estrategias de promoción de la salud mental y de prevención, así como impulsar acciones dirigidas a combatir el estigma, tanto dentro del propio sistema sanitario como en la sociedad. Dar visibilidad a la realidad de las personas con problemas de salud mental, fomentar un lenguaje libre de prejuicios y promover una atención basada en los derechos, la recuperación y la inclusión son aspectos en los que el liderazgo enfermero puede tener un impacto muy significativo.
–Si tuviera que señalar los colectivos que requieren una atención especialmente prioritaria. ¿Cuáles destacaría?
-La infancia y la adolescencia, las personas mayores que viven en situación de soledad, quienes presentan trastorno mental grave, las personas con problemas de adicciones, quienes sufren exclusión social y también los cuidadores familiares, que muchas veces soportan una importante sobrecarga emocional. Vivimos un aumento muy importante del malestar emocional asociado a factores sociales como la incertidumbre, la precariedad laboral, la dificultad para acceder a una vivienda o la soledad. Hoy, todavía existen prejuicios, miedo y desconocimiento. Muchas personas retrasan pedir ayuda por temor a ser juzgadas, especialmente en determinados entornos laborales o sociales. Este incremento del sufrimiento emocional y la dificultad para acceder precozmente a apoyos adecuados está íntimamente relacionado con la conducta suicida. Hay que poner el foco en la población infanto adolescente; las redes sociales facilitan la comunicación, pero no siempre generan vínculos significativos.
–En este sentido, no cabe duda que hay que priorizar un modelo preventivo. ¿Cree que la sociedad conoce realmente qué papel puede desempeñar una enfermera especialista en Salud Mental en esta línea? ¿Se reconocen nuestras competencias o todavía siguen siendo poco conocidas?
-Todavía no lo suficiente. Precisamente por eso considero que es fundamental acercar nuestra labor tanto a la ciudadanía como a otros profesionales. En esa línea, he impulsado la organización de las I Jornadas de la Enfermera Especialista en Salud Mental de Sevilla, que se celebrarán el 14 de octubre en el Salón de Actos de la Facultad de Enfermería, Fisioterapia y Podología de la Universidad de Sevilla. El objetivo principal de este encuentro es visibilizar el valor añadido que aporta la enfermera especialista, compartir experiencias innovadoras y poner de manifiesto la contribución que realizamos diariamente a la mejora de la salud mental de la población.
–Hablemos ahora del papel que desempeña la enfermera especialista dentro de los equipos de salud mental. ¿Qué aporta, específicamente, la formación a la atención de las personas?
-Nuestra formación nos permite valorar a la persona desde una perspectiva biopsicosocial, identificar factores de riesgo y de protección, intervenir sobre el sufrimiento emocional y promover la recuperación y la autonomía.
–Uno de los aspectos que siempre aparece cuando hablamos de salud mental es la relación terapéutica que se mantiene con las personas atendidas. Parece ser que, en este servicio, es todavía más imprescindible consolidarla. ¿Qué opina, al respecto? ¿Qué importancia tiene en su trabajo diario?
-Es probablemente nuestra principal herramienta clínica. Una buena relación terapéutica favorece la adherencia al tratamiento, disminuye las recaídas, mejora la confianza y facilita que la persona participe activamente en su proceso de recuperación. Cuidar también significa estar disponible, escuchar y acompañar.
–Sin embargo, los cambios continuos de profesionales y la falta de especialistas dificultan esa continuidad asistencial y, por lo tanto, dicha relación terapéutica. ¿Cómo afecta esta circunstancia en las personas que atienden?
-La continuidad asistencial es fundamental en salud mental. Cuando una persona tiene que volver a explicar continuamente su historia se dificulta la creación de vínculos, disminuye la confianza y puede resentirse la adherencia terapéutica. La estabilidad de los equipos repercute directamente en la calidad asistencial.

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«Vivimos un aumento muy importante del malestar emocional asociado a factores sociales como la incertidumbre, la precariedad laboral, la dificultad para acceder a una vivienda o la soledad. Hoy, todavía existen prejuicios, miedo y desconocimiento. Muchas personas retrasan pedir ayuda por temor a ser juzgadas, especialmente en determinados entornos laborales o sociales»
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–El trabajo intersectorial e intrasectorial son estrategias clave para mejorar la salud mental de la ciudadanía. ¿Cree que es óptimo o, por el contrario, se debe mejorar la coordinación entre distintos dispositivos, servicios y niveles asistenciales? ¿Qué papel puede desempeñar la enfermera especialista?
-La salud mental requiere continuidad entre atención primaria, hospitalaria, comunitaria, servicios sociales, educación y recursos de rehabilitación. La enfermera especialista desempeña un papel clave como elemento de enlace, coordinación y continuidad de cuidados. En nuestra Unidad de Gestión Clínica hemos apostado por reforzar esa coordinación a través de Comisiones de Cuidados de carácter trimestral que tengo la oportunidad de organizar y coordinar. En ellas participan profesionales de todos los dispositivos y programas asistenciales de la UGC, convirtiéndose en un espacio de encuentro donde compartimos experiencias, analizamos la práctica asistencial, unificamos criterios, identificamos oportunidades de mejora y diseñamos estrategias conjuntas para ofrecer unos cuidados más homogéneos y de mayor calidad. En nuestra Unidad de Gestión Clínica mantenemos una estrecha coordinación con las Enfermeras Referentes de Centros Educativos (ERCE). Además, lideramos un proyecto de docencia, asesoramiento y apoyo dirigido a estas profesionales, con el objetivo de reforzar sus competencias en salud mental y establecer canales de comunicación ágiles entre los centros educativos y la red especializada y favorecer una detección e intervención más tempranas en niños y adolescentes.
–Si pensamos en el modelo de atención, ¿hacia dónde cree que debería evolucionar la salud mental en Andalucía?
-Hacia un modelo más comunitario, preventivo, centrado en la recuperación y basado en los derechos de las personas. Debemos potenciar la atención domiciliaria, la prevención, la participación de usuarios/as y familias y reducir al máximo las intervenciones coercitivas. Para ello, es fundamental aumentar los recursos, dando máxima prioridad a la atención a la población infanto adolescente.
–En los últimos años se está impulsado una mayor integración entre las redes de salud mental y la de adicciones. ¿Cómo valora esta evolución?
-Es una evolución muy positiva. Muchas personas presentan patología dual y necesitan respuestas integradas, evitando circuitos paralelos que dificulten la continuidad asistencial.

“Es una especialidad profundamente humana, donde el cuidado va mucho más allá de los procedimientos y adquiere un enorme valor la escucha, la empatía y la presencia”
«Invertir en salud mental no es un gasto, sino una inversión social. Apostar por la prevención, por los cuidados especializados y por la enfermería especialista mejora los resultados en salud, aumenta la calidad asistencial y hace más sostenible el sistema sanitario»
–Otra cuestión importante es la perspectiva de género. ¿Cree que aún existen diferencias, desigualdades o situaciones de riesgo cuyas respuestas deben mejorar en la atención a las mujeres que son vistas en la red de salud mental?
-Sí. Las mujeres presentan factores de vulnerabilidad específicos relacionados con la violencia de género, los cuidados, las desigualdades sociales o determinadas experiencias traumáticas. Incorporar la perspectiva de género mejora la calidad de la atención.
–También nos interesa conocer la parte más innovadora de la profesión. ¿Ha participado en algún proyecto especialmente relevante o innovador que crea que deba ser implantado?
-He tenido la oportunidad de liderar la implantación del programa de Hospitalización Domiciliaria en Salud Mental en el Hospital Universitario Virgen Macarena, un proyecto pionero en Andalucía. Este modelo permite ofrecer cuidados especializados en el domicilio cuando las circunstancias clínicas lo permiten, favoreciendo la recuperación en el entorno habitual, reduciendo ingresos convencionales y aumentando la satisfacción de pacientes y familias. Creo que representa una línea estratégica de futuro que debería seguir desarrollándose, en los meses que llevamos con el programa son grandes resultados los que se están consiguiendo.
–Desde el punto de vista científico, ¿considera que la investigación liderada por enfermeras especialistas está contribuyendo suficientemente al avance de la salud mental?
-Cada vez más. Las enfermeras especialistas estamos liderando proyectos de investigación con un enorme impacto sobre la práctica clínica, aunque todavía necesitamos mayor apoyo institucional y más tiempo protegido para investigar. Personalmente considero que la investigación es imprescindible para seguir mejorando nuestros cuidados, y por ello actualmente estoy realizando mi tesis doctoral.
–Muchas especialistas terminan desarrollando su carrera en otras comunidades autónomas o incluso en otros países. ¿Por qué cree que ocurre esta fuga de talento? ¿Cuál podría ser la solución?
-Muchas especialistas encuentran fuera de Andalucía mejores oportunidades profesionales, mayor estabilidad laboral y un mayor reconocimiento de sus competencias. Planificar adecuadamente las necesidades de especialistas, asegurar el reconocimiento del 100% de la especialidad, crear plazas específicas de enfermería especialista, garantizar estabilidad laboral, favorecer el desarrollo profesional, impulsar la investigación y reconocer el liderazgo enfermero.
–Y pensando en las futuras residentes, ¿qué le dirías a una enfermera que está valorando especializarse en Salud Mental?
-Que está eligiendo una profesión apasionante. La enfermería de salud mental transforma vidas, pero también transforma a quienes la ejercemos. Requiere compromiso, formación continua y una enorme capacidad de escucha, pero ofrece la enorme satisfacción de acompañar a las personas en algunos de los momentos más difíciles de su vida.
–Marisol, hemos hablado de la profesión, de las personas que se atienden, del futuro y de los retos pendientes. Antes de despedirnos, ¿hay alguna reflexión que le gustaría compartir y que no hayamos abordado?
-Es un honor poder compartir mi experiencia y reflexionar sobre nuestra profesión precisamente en una fecha tan significativa como el 1 de septiembre, Día Internacional de la Enfermería de Salud Mental. Quiero aprovechar esta ocasión para reconocer el trabajo que realizan todas las enfermeras especialistas en Salud Mental, que cada día, desde los diferentes ámbitos asistenciales, docentes, gestores e investigadores, contribuyen con profesionalidad, compromiso y humanidad a mejorar la salud mental y la calidad de vida de las personas, sus familias y la comunidad.